Mis amigos dicen que soy un
libro abierto, y en descuerdo yo estoy. Pasan las páginas sin darse cuenta que
hay cosas escritas con tinta invisible, tinta encargada de esconder los
sentimientos y sensaciones que no se han exteriorizado por "x" razones.
Y es que todos pasamos por esa crisis existencial que nos lleva por el camino
de la amargura, la principal causante de la pérdida de ilusión. Pero aunque
resulte difícil o incluso hipócrita es preferible actuar con la mejor opción en
estos casos, la de aparcar en la acera de enfrente esa angustia que te carcome
lentamente con el paso de los segundos, minutos, horas, días, semanas, meses,
años... mientras supuestamente vas adquiriendo sabiduría, aparentando ser
un ciudadano más en esta selva que habitamos, manteniendo una postura
indiferente ante lo que acontece en tu enorme cabezón. ¿De que sirve propagar
angustia y desilusión? De eso ya se encargan los políticos y periodistas. Opto
por la opción de ir acumulando cada sentimiento frustrado como si de granos de
arena se tratasen, aún sabiendo el riesgo que supone; ese riesgo a que la arena
sobresalga de las orejas y expulse una barbarie de palabras repletas de
tristeza. Pero bueno, supongo que es algo normal. Es triste perder la ilusión,
pero puede ser que forme parte del proceso de inserción al mundo adulto ¿no?

Soy un fanático de la tinta invisible, con ella he sido capaz de escribir miles de libros aparentemente en blanco. Siempre pensé que cada persona tenía sus propios problemas, de modo que en un acto no egoísta prefería llenar de arena mi cabeza. Hasta que me di cuenta de que ese castillo de arena se convertía en mi perfecto escondite. Escondite tras el cual nadie parecía poder conocerme.
ResponderEliminarSi quieres que tus amigos te conozcan y no piensen que eres un libro abierto, sacude la arena con la que tapaste el libro, quizás de ese modo, puedan apreciar parte de la tinta invisible.