jueves, 2 de agosto de 2012

Ellos dicen. Yo digo.


      Mis amigos dicen que soy un libro abierto, y en descuerdo yo estoy. Pasan las páginas sin darse cuenta que hay cosas escritas con tinta invisible, tinta encargada de esconder los sentimientos y sensaciones que no se han exteriorizado por "x" razones. Y es que todos pasamos por esa crisis existencial que nos lleva por el camino de la amargura, la principal causante de la pérdida de ilusión. Pero aunque resulte difícil o incluso hipócrita es preferible actuar con la mejor opción en estos casos, la de aparcar en la acera de enfrente esa angustia que te carcome lentamente con el paso de los segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años... mientras supuestamente vas adquiriendo sabiduría, aparentando ser  un ciudadano más en esta selva que habitamos, manteniendo una postura indiferente ante lo que acontece en tu enorme cabezón. ¿De que sirve propagar angustia y desilusión? De eso ya se encargan los políticos y periodistas. Opto por la opción de ir acumulando cada sentimiento frustrado como si de granos de arena se tratasen, aún sabiendo el riesgo que supone; ese riesgo a que la arena sobresalga de las orejas y expulse una barbarie de palabras repletas de tristeza. Pero bueno, supongo que es algo normal. Es triste perder la ilusión, pero puede ser que forme parte del proceso de inserción al mundo adulto ¿no?

1 comentario:

  1. Soy un fanático de la tinta invisible, con ella he sido capaz de escribir miles de libros aparentemente en blanco. Siempre pensé que cada persona tenía sus propios problemas, de modo que en un acto no egoísta prefería llenar de arena mi cabeza. Hasta que me di cuenta de que ese castillo de arena se convertía en mi perfecto escondite. Escondite tras el cual nadie parecía poder conocerme.

    Si quieres que tus amigos te conozcan y no piensen que eres un libro abierto, sacude la arena con la que tapaste el libro, quizás de ese modo, puedan apreciar parte de la tinta invisible.

    ResponderEliminar